Comisiones Obreras de La Rioja | 15 agosto 2026.

Negar y ridiculizar la violencia machista hace crecer los feminicidios

    El espacio violeta de CCOO de La Rioja alerta sobre el avance de discursos negacionistas de la violencia machista, vinculado al ascenso de movimientos de extrema derecha dentro y fuera de España. El sindicato denuncia que, con más de 50 mujeres asesinadas este año por violencia de género, negar o ridiculizar esta realidad no hace sino agravarla, y reivindica que no hay sindicalismo sin feminismo ni democracia sin mujeres libres.

    31/07/2026.
    El espacio violeta de CCOO La Rioja denuncia mas de 50 mujeres asesinadas este año

    El espacio violeta de CCOO La Rioja denuncia mas de 50 mujeres asesinadas este año

    Hoy hablamos como mujeres sindicalistas de Comisiones Obreras, como trabajadoras organizadas, como feministas que saben que la lucha por la igualdad no es un adorno ni un eslogan: es una batalla diaria en los centros de trabajo, en las calles, en las instituciones y en cada espacio donde intentan silenciarnos.

    Y lo hacemos porque estamos viendo una escalada preocupante de movimientos reaccionarios, tanto dentro como fuera de nuestras fronteras, que tienen un objetivo claro: recortar nuestros derechos, desmovilizar a las mujeres y devolvernos a un lugar de subordinación que ya conquistamos hace décadas.

    En España, la reciente legalización de partidos de extrema derecha como Noviembre Nacional —herederos de discursos neonazis, del odio racial y del antifeminismo más descarnado— no es una anécdota. Es un síntoma. Un síntoma de que la ultraderecha está avanzando, organizándose, normalizándose y buscando ocupar espacios institucionales para imponer su visión del mundo: una visión donde las mujeres somos ciudadanas de segunda, donde la violencia machista “no existe”, donde la diversidad es un problema y donde la democracia se entiende solo para algunos.

    Y mientras esto ocurre aquí, al otro lado del Atlántico vemos cómo en Estados Unidos surge un movimiento de mujeres jóvenes que defienden que no deberían tener derecho al voto, que piden que el sufragio vuelva a ser “por hogar”, entregado al marido, al padre o al hermano. Mujeres que dicen que votar “las divide”, que la política “no es cosa suya”, que la libertad es una carga.

    Compañeras, esto no es una excentricidad. Esto es una ofensiva global contra la autonomía de las mujeres. Es el intento de reinstalar la idea de que nuestra voz es prescindible, que nuestra opinión es secundaria, que nuestra ciudadanía es negociable. Y cuando las mujeres renuncian a su voto, no están renunciando solo a un papel en las urnas: están renunciando a su capacidad de decidir sobre su cuerpo, su trabajo, su vida y su futuro.

    Pero aquí, en España, la violencia contra las mujeres no es un debate teórico. Es una realidad que se cobra vidas. Este año ya llevamos más de 50 de asesinatos machistas, mujeres asesinadas por hombres que decían quererlas, mujeres que habían denunciado, mujeres que no pudieron hacerlo, mujeres que estaban intentando empezar de nuevo. Cada una de ellas tenía nombre, historia, familia, sueños. 

    Y cada una de ellas es una prueba irrefutable de que la violencia de género existe, aunque la extrema derecha se empeñe en negarla.

    Y nosotras, desde Comisiones Obreras, lo decimos alto y claro: la violencia machista es estructural, atraviesa nuestras vidas y nuestros trabajos, y se agrava cuando se niega, cuando se minimiza, cuando se ridiculiza.

    Porque cuando ellos dicen que “no hay violencia machista”, nosotras respondemos con los datos, con las cifras, con las vidas rotas. Y respondemos también con nuestra experiencia, porque todas las mujeres sabemos lo que es sentir miedo en el espacio público.

    Lo sabemos cuando caminamos solas de noche. Lo sabemos cuando un grupo de hombres nos rodea en una fiesta. Lo sabemos cuando en San Fermín, en festivales, en verbenas y celebraciones populares, las agresiones sexuales se repiten año tras año.

    Lo sabemos porque hemos visto cómo se juzga a las víctimas, cómo se cuestiona su ropa, su consumo de alcohol, su comportamiento, su vida entera. Lo sabemos porque hemos visto cómo se protege a los agresores, cómo se les disculpa, cómo se les justifica.

    Y mientras tanto, los mismos que niegan la violencia machista son los que alimentan un discurso que nos deshumaniza: nos llaman exageradas, nos llaman histéricas, nos llaman enemigas de los hombres. Nos llaman “feminazis”. Nos llaman cualquier cosa que les permita no escucharnos. Pero nosotras sabemos que el feminismo no es una amenaza. El feminismo es una herramienta de supervivencia. Es la respuesta organizada de millones de mujeres que se niegan a vivir con miedo, que se niegan a ser silenciadas, que se niegan a retroceder.

    Y desde Comisiones Obreras lo decimos con claridad: no hay sindicalismo sin feminismo. No hay derechos laborales sin igualdad. No hay democracia sin mujeres libres.

    Por eso, frente a la escalada de la extrema derecha, frente a los partidos que quieren devolvernos al pasado, frente a los movimientos que pretenden convencernos de que no merecemos derechos, frente a los discursos que niegan nuestra violencia, nosotras levantamos la voz.

    Levantamos la voz porque sabemos que cada derecho que tenemos ha sido conquistado con esfuerzo, con organización, con huelgas, con movilización, con solidaridad. Y sabemos también que cada derecho puede perderse si bajamos la guardia.

    Hoy, como mujeres sindicalistas, os digo que este es el momento de estar juntas. De estar alerta. De estar fuertes. De estar en la calle, en los centros de trabajo, en los barrios, en las instituciones. De defender cada avance, cada ley, cada protección, cada espacio seguro. Y sobre todo es el momento de no callarnos como sindicato.